Muchas veces a lo largo de nuestro discurrir por esta vida,
la cual nos trae muchas veces más pesares que bondades, nos paramos a pensar
¿qué hago yo aquí? Quizás tiene sentido esas personas que por diversos motivos
deciden acabar con su vida, si sé que suena duro, pero soy de los que piensa
que las cosas que no tienen un sentido, en el fondo, es porque por regla
general no suelen merecer la pena. Después de esta breve reflexión hagamos por
dejar volar la imaginación un rato…
Transcurre una nueva noche, una de tantas otras en la
soledad de mi apartamento, ya se han acabado las películas que ver, me espera
otra larga noche perdido en el indescifrable mundo de mis pensamientos, son
tantas las cosas que luchan por ser las primeras, que no deja de ser una nube
de ideas sin claridad alguna y yo me pregunto ¿en qué condición quedan las últimas
decisiones tomadas? ¿Son correctas? Seguramente solo el paso y discurrir del
tiempo traerá las respuesta que ahora busco en los momentos de flaqueza, esos
en los que pienso que no se si te merezco, en los que no se si lo dejado atrás ha
sido correcto, pero nunca he sido de hacer las cosas bien, pues todos tenemos
defectos y el mío es el de intentar partir la piedra con la cabeza antes de
saltarla o rodearla.
Quizás no sea lo que la gente espera de mí, a lo mejor solo
soy esa persona seria que se ve tras el uniforme, pero detrás de la fachada
siempre hay una persona, aquella que sabe cuándo falla, la que reconoce sus
errores y no solo los del resto, esa que llora cuando los sentimientos le
superan, aquella que no hay ni un momento que no tenga en mente las cosas que
mueven su mundo, bien o mal, aquella que tras muchos años vagando aprendió a
vivir, esa misma persona que lucha por ser alguien distinto, aunque no sea el
ideal…

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