Es curioso como con el paso del tiempo el ser humano va
perdiendo la capacidad o las ganas de soñar, la ilusión por creer, por mirar
más allá de lo que nos muestra la realidad, en definitiva poco a poco vamos
dejando escondido o en algunos casos desterrado el niño que todos hemos sido en
algún momento de nuestras vidas.
Con el caminar de la vida, esa capacidad de soñar que hemos
tenido y que vemos reflejada en los niños, va desapareciendo, quizás a
consecuencia de aquellas cosas que tumban nuestro estado de felicidad, aquellas
que apagan nuestra llama de alegría y deja a oscuras y atemorizado ese niño que
llevamos dentro. También es cierto que al igual que se va, hay cosas, pequeños
gestos, personas, una simple ráfaga de viento, nos devuelve a ser eternos
soñadores, y es que, por que no creer en las hadas, la magia, lo sobrenatural,
porque no soñar con volar, con que otra vida es posible, con detener el tiempo
que tarde o temprano nos da caza a todos, porque aquello que una vez nos hizo
llorar y sufrir, nos puede traer las más bonitas y bellas sensaciones.
Nunca dejes de creer, nunca dejes de soñar y nunca dejes de
perseguir aquello que anhelas conseguir.



