Viejo compañero, aquí estamos otra vez, tú sigues igual no
pasan los años por ti y la erosión del agua de este mar embravecido hoy, parece
que no hace mella en ti, me gustaría ser como tú y forras mi corazón con tu
fuerte roca, evitaría muchos problemas.
Vuelvo a escribir, desde donde más gusta, encima del acantilado,
mirar al horizonte, dejar la mente en blanco y escribir a la vez que el viento
me acaricia y se lleva mis malos pensamientos y sufrimientos. De nuevo esa mar
que se ha vuelto a llevar otro desamor, otro mal recuerdo, pero esta vez algo
es distinto comparada con la anterior, esta vez gran parte a quedado adherida a
mí, sigue estando para siempre en lo más profundo de mi corazón y nada ni nadie
conseguirá moverlos de ahí. Otra vez me traes lo imposible, destino cruel,
aquel que te acerca a relaciones arriesgadas, casi imposibles, donde arriesgar
por ellas puede suponer perder mucho, tanto que si quiera haga la pena pensar
en arriesgar, serán solos sueños, o tendrán cierta parte de realidad, difícil discernir
entre lo que es real o no…
Invaden mi cabeza multitud de recuerdos, tantos que de nuevo
mi papel se vuelve a mojar, mas esta vez no tengo con que secarlo y tampoco
tengo ganas de recomponerlo, creo que me estoy dejando llevar cual grano de
arena engulle el mar con cada ola y lo trasporta hasta el fondo del mar, cada
vez mis raíces son más débiles, más vulnerables, cada vez mi futuro es más
incierto, más ese mismo que tantas veces he querido planificar, es el que ahora
me atormenta con su pesar. Aun se puede leer, pese a las lágrimas:
Solo mirarte a través de la ventana, la lluvia golpea sobre
el cristal, pero también me moja, esperando una sonrisa, un pequeño gesto,
imperceptible para los demás, algo que me haga arriesgar, algo que evite que me
siga mojando, algo que cese mi sufrimiento, más nada es imposible y todo es
real, cual fantasía puede con el mundo verdadero y de la amistad surgir el más
bello y eterno de los amores...

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