domingo, 21 de junio de 2015

Neverland

Es curioso como con el paso del tiempo el ser humano va perdiendo la capacidad o las ganas de soñar, la ilusión por creer, por mirar más allá de lo que nos muestra la realidad, en definitiva poco a poco vamos dejando escondido o en algunos casos desterrado el niño que todos hemos sido en algún momento de nuestras vidas.


Con el caminar de la vida, esa capacidad de soñar que hemos tenido y que vemos reflejada en los niños, va desapareciendo, quizás a consecuencia de aquellas cosas que tumban nuestro estado de felicidad, aquellas que apagan nuestra llama de alegría y deja a oscuras y atemorizado ese niño que llevamos dentro. También es cierto que al igual que se va, hay cosas, pequeños gestos, personas, una simple ráfaga de viento, nos devuelve a ser eternos soñadores, y es que, por que no creer en las hadas, la magia, lo sobrenatural, porque no soñar con volar, con que otra vida es posible, con detener el tiempo que tarde o temprano nos da caza a todos, porque aquello que una vez nos hizo llorar y sufrir, nos puede traer las más bonitas y bellas sensaciones.



Nunca dejes de creer, nunca dejes de soñar y nunca dejes de perseguir aquello que anhelas conseguir.


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